lunes, 7 de octubre de 2013

MÉXICO Y SUS ANALFABETAS FUNCIONALES

Según la Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumo Culturales dada a conocer por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el panorama educativo en México resulta francamente aterrador: 73 por ciento de los encuestados no ha leído un libro en el último año, 57 por ciento no pisó una librería, 79 por ciento no adquirió un libro y peor aún: casi la cuarta parte de los encuestados reconoció no tener un libro en su casa. Esto significa que 26 millones de mexicanos o poco más de 6 millones de hogares ¡no cuentan siquiera con un diccionario ni con una Biblia en casa!
¿Ese es el buen camino por el que va nuestro país en materia educativa, como asegura el secretario del ramo?

Estos datos corroboran el fracaso del modelo educativo implementado por los gobiernos panistas y documentan desde otra perspectiva los más recientes resultados de la prueba PISA aplicada en nuestro país. En esa evaluación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos se señala que 46 por ciento de nuestros jóvenes examinados cuentan con un grado insuficiente de aprendizaje, es decir, que sólo identifican ideas sencillas en los textos, que nuestras habilidades científicas son limitadas y que los alumnos sólo pueden resolver operaciones matemáticas rudimentarias. ¿De verdad vamos por buen camino en materia educativa?
Cuando hace años Octavio Paz escribió que no había intelectuales en el Partido Acción Nacional no entendí cabalmente lo que eso significaba. Lo entendí, cuando ese partido llegó al poder: cuando las hordas fascistoides de sus bases se empoderaron y empezaron a quemar libros de texto en la plaza pública, cuando sus funcionarios de primer nivel intentaron prohibir novelas de García Márquez y Carlos Fuentes, o cuando desaparecieron la filosofía de los planes de estudio del bachillerato.

El analfabetismo funcional de distinguidos miembros de la clase política actual va más allá de un anecdótico Vicente Fox diciendo Borgues por Borges o  los frecuentes dislates de Enrique Peña nieto.Es una política de Estado que atenta contra el sistema educativo mismo; que vulnera profundamente el desarrollo económico del país y el futuro de varias generaciones.
Según la tendencia del crecimiento poblacional estamos perdiendo nuestro llamado bono demográfico por la migración de algunos de nuestros mejores jóvenes, por no encontrar trabajo en el país y porque cada día nuestra población es más longeva. ¿Cuántos jóvenes se necesitarán para cubrir una cada vez más abultada nómina de jubilados? ¿Cuántas fuentes de trabajo deberían procurar el equipo gobernante para evitar esa encrucijada que se avecina? Si se han hecho rescates bancarios y carreteros deberíamos hacer un rescate social mediante la educación. El milagro económico de los Tigres de Asia y el de una Alemania destruida por la guerra y que es hoy el motor económico de Europa es la educación. Además, la enseñanza es el mejor antídoto contra el crimen organizado y la única forma lícita para generar riqueza.
Ojalá que los datos de la encuesta sobre hábitos culturales y los más recientes resultados de la prueba PISA en nuestro país ayuden a perfilar una positiva política de Estado en materia educativa: menos pomposa y más productiva, más cerca de las necesidades del país que de las políticas de los partidos, más cerca de la gente que de los sindicatos, más apoyada en los clásicos (los libros más baratos del mercado) que en los best sellers, más centrada en los libros rudimentarios que en los e-book, en fomentar el gusto por la arqueología más que por los espectáculos de luz y sonido en zonas arqueológicas. Los productos milagro en materia educativa más que un engaño o un buen negocio para algunos, es un crimen social.

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