lunes, 13 de febrero de 2012

La Tauromaquia


Ya se me está haciendo costumbre y este 5 de febrero presencié, desde una segunda fila de barrera de sol, misma que no cambio por un trono, la corrida de aniversario 66 de la inauguración de la monumental plaza México.  El cartel, digno del festejo, compuesto por los españoles Julián López “el juli”, José Mari Manzanares y los espadas mexicanos, José Mauricio  y Diego Silveti. El primero de los diestros salió por la puerta grande al cortarle las dos orejas a cada uno de los bureles que le tocaron de lidia; el segundo matador, una oreja y aplausos, el tercero, con quien tuve la oportunidad de compartir el pan y la sal en una ocasión, obtuvo una oreja en el primero de su lote y silencio en el segundo y diego, que se está convirtiendo en el consentido de la afición mexicana, realizo una magistral faena a su primer toro fallando con el estoque y con el segundo no logro encontrarle la lidia, aunque con el capote ligo una tanda de gaoneras de fotografía, y paso desapercibido.

 La México lucio casi en su totalidad llena, mas de 50 mil espectadores, solo en la parte de general se observaban espacios vacios y es que a esa misma hora se estaba desarrollando el súper bowl lo cual resulto bueno para la tarde por la ausencia de villamelones. La monumental, colmada de aficionados, entre ellos, personalidades del espectáculo, la política y la cultura, lucio esplendorosa y teniendo como vecinos de asiento al comentarista deportivo, Toño Moreno y al matador de toros en retiro, Rafael Carmona, compartimos comentarios, alegría y más de un trago a la bota de un exquisito vino que sirvió para darle calor al cuerpo en esa tarde fría pero llena de emoción, arte y torería.

Previo a la entrada, la romería de los momentos previos a que suenen las notas del pasodoble cielo andaluz, hacen propicio darle rienda suelta a los placeres del paladar y degustar una deliciosa birria para meterle temperatura al cuerpo, misma que compartimos con el amigo, Mariano Espinoza Rafful, eficiente servidor público de la cámara de diputados federal, quien se inicia en su gusto por la fiesta más bella de todas que es la fiesta de los toros.
Los antitaurinos no hicieron su aparición, al parecer fue en el Ángel de la independencia en donde manifestaron su desacuerdo con la celebración de las corridas de toros. En mi caso y sobre el tema, de toros solo entro en polémica con alguien que sepa de ellos y esta versa sobre su lidia o la actuación de la espada, nada más. Jamás incurriré en la estupidez de la discusión con un anti taurino o pseudoanimalista y menos ahora que es una moda, espero que pasajera, dentro del ámbito político, el tratar de prohibir la realización de corridas de toros en el distrito federal. Y bajo el argumento del sufrimiento del animal, han encontrado eco en las nuevas generaciones quienes desconocen el origen de la fiesta brava y en su gran mayoría, manifestándolo  como estandarte de alguna recóndita minusvalía emocional habla sin conocimiento de causa.

Según el prestigiado médico veterinario zootecnista , Juan Carlos Llera del Portal, el toro no sufre mientras esta en el ruedo por dos motivos: primero, no experimenta dolor toda vez que su cerebro está asociado a la hipófisis, en el hipotálamo, que segrega betaendorfina, misma que en cantidades elevadas tiene un efecto analgésico lo que provoca que la sensación de dolor sea baja, como ejemplo pone, que al sentir las banderillas es el mismo dolor que sentimos los humanos al piquete de una aguja y, por otro lado, el toro se estresa más en su traslado a la plaza que durante el tiempo que dura su lidia y esto tiene el rigor científico explicativo que en la glándula adrenal, su corteza segrega cortisol y su medula catecolamina, hormonas que marcan el grado de estrés y lo reducen a su mínima sensación.

Existen argumentos históricos, jurídicos culturales y económicos que se tienen que valorar antes de externar una opinión acerca de la posibilidad de la prohibición de las corridas de toros toda vez que constituye un elemento indisoluble de nuestro patrimonio y acervo cultural. La prohibición de la fiesta de los toros significaría una grave violación a diversos preceptos constitucionales, los cuales están por encima de cualesquiera otras legislaciones o reglamentaciones internas. La protección al acceso a la cultura, a las garantías de libertad de los gobernados, así como a la libertad de trabajo, están por encima de intereses mezquinos y sectarios.

Concluyo que el siguiente pensamiento de autor desconocido “la vida de un toro bravo en el campo es plena…vive cinco años arropado por la belleza del campo… es un rey  y no hay muros que lo encierren ni la soledad del establo, tampoco cadenas que lo aten a un pesebre. es un animal privilegiado, un tótem … su muerte en el combate es pura elegía … antitaurino, por mi no luches, pues mi vida es plena… soy el dios tauro… sumo oficiante de un rito sagrado… SI AL ARTE DE LA TAUROMAQUIA.
 OLEEEEEEEEE!!!

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