lunes, 2 de marzo de 2015

LA UNACAR EN HUELGA...URGE NUEVO RECTOR


La Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR), Alma Mater de muchos, creada hace más de 4 décadas por el entonces Gobernador del Estado, José Ortiz Ávila y orgullo para propios y extraños por el parteaguas que vivió a partir de la llegada de Eduardo del Carmen Reyes Sánchez al cargo de Rector de la misma, a principios de la década de los 90 del siglo pasado, hoy, está convulsionada por diversos factores y el detonante fue el estallido de huelga del sindicato de trabajadores de la UNACAR, cuyos miembros, están participando en su gran mayoría.

¿Qué intereses ajenos a la Universidad, tienen metidas las manos? Ni duda cabe; siempre ha sido la oportunidad para que empresarios o políticos locales y de más allá del puente de la Unidad, aprovechen cualquier disyuntiva para tratar de sacar algún mezquino beneficio sin que les importe el aspecto académico, la condición laboral de los docentes, investigadores o maestros de tiempo completo de la misma. Aun fresco en la memoria queda cuando un tartufo exGobernador, pretendió desestabilizarla y con ello, lograr desaparecerla y hacerla un apéndice de la Universidad Autónoma de Campeche. Los propios estudiantes lo impidieron y la sociedad Carmelita los apoyo en todo momento e inicio el crecimiento de la UNACAR a raíz de la llegada, impuesta por el mismo Ex Gobernador, que no tuvo más opción que dictar línea a los miembros del Consejo Universitario y nombrar a Luis Alberto Fuentes Mena.

Por la misma vía, violatoria de la reglamentación interna de la UNACAR, llega Eduardo del Carmen Reyes Sánchez, quien con genuino interés y voluntad de servicio, transforma físicamente la máxima casa de estudios, aprovechando la presencia de la industria petrolera, tocando puertas en las instancias respectivas y salvaguardando la Autonomía en el gobierno interno de la UNACAR, sin olvidar, que puso los cimientos Académicos y de esta forma, sus egresados pudieran gozar del prestigio que un día tuvieron los graduados del Liceo Carmelita, antecedente de nuestra Universidad. Lamentablemente, esto último no se logró a cabalidad.

La historia reciente de la UNACAR, nos pone en evidencia que al salir Reyes Sánchez e imponer en lo obscurito a Nicolás Novelo Noble, no obstante que los proyectos Académicos siguieron consolidándose, se hicieron de forma incompleta al desdeñar a la materia prima para su funcionamiento: la plantilla docente y su fortalecimiento en el ámbito de la investigación, en su capacitación permanente y también es justo señalarlo, en mejorar sus  condiciones económica-laborales. No se le puede exigir excelencia a los Maestros en las Aulas si carecen de un salario digno y por otra parte se derrochan los recursos en sueldos a parte del personal administrativo, se copta a los miembros de Consejo Universitario, con toda clase de prebendas y de esta forma, tenerlos dóciles  y manipulables, sin omitir a Rectores que se transforman en deidades al asumir el cargo.

La  inmolación de la UNACAR inicia, entre otras cuestiones carentes de toda ética. Moral o jurídica, desde el momento en que el Consejo Universitario autoriza una pensión vitalicia a los ex Rectores mayor a los 100  mil pesos mensuales cuando el salario por hora de los docentes es de la ínfima cantidad de 56 pesos, el del personal de mantenimiento, 30 pesos la hora y el de la las secretarias administrativas, de 26 pesos. Es decir, lo ancho para los directivos y lo angosto para el engranaje que hace que opere la UNACAR. No se vale y si tuvieran dignidad los dos ex Rectores, mismos que tienen resuelta su condición económica y la de sus próximas generaciones, deberían devolver lo que han cobrado sin trabajar y que carece de sustento en la Ley Federal del Trabajo. Es una magnífica ocasión para la congruencia y una manifestación de vergüenza.

Sin pretender hacer más leña del árbol caído, la llegada de Sergio Augusto López Peña a la silla Rectoral, sus presuntos hechos de corrupción con la consecuente impunidad, aunado a la frivolidad y desfachatez con que se ostentó en su paso por la Rectoría y el enorme lastre económico en que la dejó al ser obligado a renunciar por las mismas manos ajenas que impusieron al todavía Rector, José Antonio Ruz Hernández, sujeto manipulable,  grisáceo de personalidad, carente de visión y con mayor ego que talento, la UNACAR se encuentra paralizada en una huelga que se sustenta  a partir del artículo 290 de la Ley Federal del Trabajo ,afectando con ello, el mejor recurso que toda comunidad tiene: su juventud con deseos de superación.

En política no existen las coincidencias y los tiempos electorales son idóneos para la convulsión social, es decir, el rio revuelto y la respectiva ganancia de pescadores. Ya se escuchan voces de un posible relevo del Presidente del  Consejo Universitario y la respectiva depuración de sus miembros. Los nombres que suenan con mayor intensidad, mencionados en su respectivo orden son el de Manuel Cordero Rivera, Rector de la Universidad Tecnológica de Campeche, quien cuenta con la experiencia, capacidad, contactos y deseos de culminar su brillante trayectoria en el ámbito educativo, logrando su máxima aspiración; El nombre de Carlos Anguas Mendoza vuelve a sonar con mucha fuerza, sobre todo, al interior de la UNACAR, lo que debería ser un punto a favor, es un punto en contra. Anguas Mendoza reúne los requisitos legales y morales para ostentar el cargo de Rector, sin embargo, carece de padrino político que lo impulse y, por último, el escritor, Medico, Académico y actual Cronista de la Ciudad, Daniel Cantarell Alejandro, cuenta con la simpatía, probada capacidad en el servicio público y requerimientos para ser Rector de la máxima casa de estudios.

El cambio es urgente y eminente, quienes de facto toman las decisiones lo deben de hacer de forma inmediata. La UNACAR necesita oxigenación de boca a boca y sacarla del estado convulsionado, estático o vegetativo en que se encuentra actualmente. Es necesario deslindar y fincar responsabilidades jurídicas que marquen precedentes. Es por el bien de Carmen, de nuestro Estado, de la sociedad en su conjunto pero, con mayor intensidad, de la juventud con anhelos de superación.

 

 

 

 

 


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