viernes, 4 de septiembre de 2015

UNA FÓRMULA PARA ACABAR CON LA CORRUPCIÓN EN LA POLITICA MEXICANA.


 El gobierno, y particularmente con la promulgación de la reforma energética, falta la que permitirá que las ya aprobadas por el Congreso y publicadas por el Ejecutivo, puedan cumplimentarse sin peligro para quienes participen en su instrumentación y ejecución: la reforma ética, que permitiría lograr una total apertura para la modernización y la abolición de los falsos valores que limitan el ejercicio del poder y, por tanto, sus entro del paseo de las reformas con que nos ha transformado la existencia el actual capacidades para el logro de las más altas metas que pretende la administración pública.

Con ello, el establecimiento de una nueva ética, pragmática, que, acabando con los mitos puritanos sobre honestidad, conflicto de intereses, nepotismo, compadrazgo, amiguismo, patriotismo, soberanía, etcétera, permitiera la total libertad en el ejercicio de un poder omnímodo, amparado por las normas legales.

La reforma ética tendría un primer episodio constitucional, en el que quedaría establecida en la ley suprema, como asunto de carácter estratégico, la facultad del Ejecutivo de la unión, para decidir en todo momento y sin limitación alguna, todo lo que a su juicio crea conveniente, independientemente del sujeto sobre el que recayera el beneficio o el castigo de la voluntad presidencial. Esta modificación, de pasada, le daría valor constitucional a las facultades que en las leyes secundarias de la reforma energética se arrogó el Presidente y validaron sus subordinados en el Legislativo.

Ya en las leyes secundarias se explicarían asuntos de diversa índole y facultades específicas, lo que permitiría legalizar puntos que hoy son motivo de polémica, debido a los trasnochados emisarios del pasado, que, con pruritos decimonónicos, no aceptan los pasos adelante que exige la necesariamente rápida, urgentisima modernización del país, dificultando las acciones que permitirán mover a México.

Se quitarían así barreras absurdas que detienen el progreso. Se permitiría por ejemplo –lo que hoy sucede sin apoyo legal–, que funcionarios de un sector tengan negocios en el mismo; que familiares de funcionarios sean socios o agentes de empresas concesionarias; que los funcionarios pudieran emplear a sus familiares en las áreas de su responsabilidad, lo que evitaría la monserga actual de que, digamos, el de Gobernación dé trabajo a los hijos del de Energía, que el de la procuraduría contrate al hijo del de Comunicaciones y Transportes, que se tengan que inventar Comisionados para sustituir gobernadores, que haya que contratar prestanombres para los negocios y un sinfín de subterfugios que si bien sirven para activar el ingenio ciudadano, crean entuertos que luego es difícil desfacer.

Si no se hace lo que propongo, temo que los funcionarios que den negocios y concesiones –aunque les llamen contratos– a los antiguos directores de Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, a los anteriores presidentes, secretarios y subsecretarios de Estado, a los hijos de ellos, a los en­tenados, compadres y amigos; los que reciban moches,comisiones, ofertas de empleo para cuando dejen sus cargos, viajes al Super Bowl, a las carreras, coches de lujo, apartamentos, yates, becas para sus hijos, fiestas con edecanes, cuentas en Suiza y en paraísos fiscales; los que funjan como agentes –coyotes en la vieja ética abrogada– vivirán con la espada de Damocles sobre su cerviz –ahí cuelga cuando se agacha la cabeza.

Todas estas incómodas incertidumbres y molestias podrían evitarse quitándose, de una vez por todas, la máscara que portan y promoviendo esta reforma ética de amplio espectro y gran calado, con la que además se cumpliría con el ofrecimiento de transparencia, otra de las promesas pendientes. Todo, a partir de ella, sería transparente y además legal. Aunque quedaría pendiente el asunto de la corrupción, pero a ese círculo no le encuentro la cuadratura.

Hay, eso sí, que aprovechar el momento de la mayoría automática en el Congreso, que firmaría como hasta ahora, sin el menor rubor, una iniciativa de esta naturaleza, que además permitiría a sus integrantes dormir tranquilos de aquí en adelante –aun en las curules–, aunque un día se les termine el fuero, seguir recibiendo remuneraciones extraordinarias sin explicación y continuar organizando reuniones con edecanes o seguir organizando edecanes para sus reuniones.
Como ven, la propuesta simplemente ampliará el ejercicio de la libertad en el ejercicio del poder.


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