martes, 17 de febrero de 2015

LA SIMULACION Y LA MENTIRA EN LA POLÍTICA CAMPECHANA... POR JESÚS PADILLA


Las campañas políticas prácticamente ya iniciaron no obstantes que los tiempos de ley no lo señalan, pero los eventos, actos de proselitismo y demás, están a la orden del día y, como suele ocurrir, el árbitro de la contienda, es decir, el Instituto Estatal Electoral, generalmente el jugador número doce del partido en el poder, voltea a ver a otro lado y finge demencia. Las televisoras, estaciones de radio y redes sociales, atiborradas de spots políticos elaborados, en su mayoría, por mercadólogos expertos en la mentira y que saben vender un producto. Los veo y escucho a algunos y reflexiono, Si vendieran excremento, tendrían éxito. Añado que en algunos casos, eso es lo que ofrecen, metafóricamente hablando.

La simulación es el principal elemento para avanzar en la pirámide de la política; simular ser sumiso y poco inteligente, aunque lo seas o no, para que los que manden vean en ti, a un tipo manipulable, con minusvalías mentales, que no tiene ideas propias y mucho menos contradiga u opine en contra de los poderosos tri o sexenales. Las decisiones las toman ellos por muy erradas que están sean, al fin, el que manda, se puede equivocar y volver a mandar que para eso es el jefe ante lo que los demás, es decir, la prole, debe sumisión y aplaudir aun, sus errores y hacer como que un horror, cualquiera lo tiene.

El pueblo no tiene ningún derecho a la verdad política, como tampoco debe poseer bienes, tierras o tener resuelta su estabilidad económica, de ahí el hecho, que se conformen con la mentira del político, la palmada en la espalda, el guiño o el engaño de alguna falsa esperanza para integrar su equipo de colaboradores o ya de perdida, ingresar a la nómina en calidad de “asesor” o aviador, como es más común señalarle. Él prometer no empobrece, dar, es lo que aniquila, sobre todo, en campañas políticas electorales, tal cual es el caso. Recuerden estimados lectores, la “verdad” política, como otros patrimonios, es una propiedad privada que le pertenece únicamente a la plutocracia gobernante.

La muchedumbre, es crédula, miente y puede ser engañada con la misma facilidad que quitarle un caramelo a un niño. El pueblo, como aquel personaje de La Fontaine, es “hielo ante las verdades y fuego ante las mentiras”. Por lo tanto, se necesita de más arte para convencer al pueblo de una verdad saludable que para hacerle creer en una verdad saludable. Que sea gobernado por su propio bien, con la mentira. Todos mentimos. Los políticos, primero para obtener lo que aspiran, luego para conseguir el voto, aunque esto, en ocasiones, no sea muy necesario ( recuerden quien es el jugador número doce), pero , el pueblo si tiene el derecho inalienable a la mentira activa: un “ debido privilegio” a cuyo ejercicio no pretende renunciar y por el que demuestra tener un “obstinado apego”, manifestándolo de diversas formas: haciendo circular chismes e infamias o falsos rumores en cafés, radios pasillos, en cortito con los que mandan y, cada dia con mayor intensidad, en las redes sociales, mismas que los conviertes en politólogos, dueños de la verdad y lapidarios destrozadores de honras ajenas que afectan sus mezquinos intereses.

Con la efervescencia política, la cobardía, otro distintivo de algunos políticos y de  la población metida en el circo de las campañas electorales, hacen uso de todo elemento a su alcance para ofender, agredir e injuriar a quienes consideran pueden ser un obstáculo para sus aspiraciones o sueños guajiros de grandeza al pretender bajarse del ferrocarril llamado “ la muerte”, el que trasporta en ínfimas condiciones a los centroamericanos que anhelan el “sueño americano”, al vagón revolucionario en primera clase. Los que lo consiguen, son la excepción de la regla. Los demás, a esperar la próxima campaña.

Los troles o cuentas falsas en las redes sociales están reproduciéndose al por mayor, forman parte de los cuartos de guerra de los candidatos y generalmente los manejan jóvenes ilusos a quienes les hacen creer que vituperando a los adversarios, sacándole sus trapitos sucios o inventándoles ignominias, lograrán ganarse la confianza del poderoso y así, lograr su propósito de cambiar su status de vida socio-económico. Craso error, ellos, los ruines que se prestan y hasta gozan dándole rienda suelta a su resentimiento social, son los más desconfiables de los poderosos y desechables toda vez que abundan.

Por último, estimado lector, prepárese para recibir los millones de spots electorales que se pagan con los dineros de los impuestos. Para conocer los errores, la vida íntima y toda clase de agresión mental y difamación de los candidatos a cargos de elección popular en algún partido político que le pueda hacer sombra al gobernante y a sus candidatos. La suerte está echada. La maquinaria encendida y el furor político, a su máxima expresión.





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