domingo, 31 de enero de 2016

COLUMNA INVITADA " DON MEMO PADILLA" POR FELIX JUSTINIANO


Por Félix Justiniano Ferráez.
Para mis amigos los Padilla y los Lazarus.
Siempre he creído que la edad que tengo es la mejor, más allá de la etapa de mi vida que me haya tocado vivir. Lo pensé como niño, lo hice como puberto, como estudiante universitario, como padre, como abuelo y lo sigo pensando ahora.
Seis décadas encima me permitieron ratificar mis apreciaciones de siempre con un simple adendum evocativo, no soy el único ejerciendo la mejor edad, la tuvieron mis abuelos y padres ya desaparecidos, la tienen mis hermanos, mis amigos, mis hijos y hasta los desconocidos míos, finalmente todos desempeñamos el rol que nos toca en el teatro de la vida con el atuendo del momento.
Quizá esta edad mía sea en este momento una especie de eslabón histórico, me sirve para expresar aquellas vivencias y experiencias que me tocaron atravesar que mis hijos, parientes, colaboradores y amigos menores, no conocen por una simple circunstancia de orden cronológico.
Por esa afortunada circunstancia escuché de mis abuelos las historia de mis ancestros, así me enteré del arribo de los Justiniano a la Cd de Campeche y de los Ferráez a Cd del Carmen y ahora me hallo repitiéndole esa tradición oral a mis propios descendientes; es pues hoy mi momento de tomar la estafeta y convertirme en esa especie de bisagra biológica que une los extremos que por causas naturales no se tocarían.


Me subo a la máquina del tiempo y me remonto a mi época de muchacho en mi entrañable y añorada Cd del Carmen; esa época de costas serpenteadas de palmeras y cocoteros, de cristalinas playas, de fines de semana en las playas por la mañana, los cines por la tarde y el parque Zaragoza por las noches, ritual obligado de todo carmelita que se respetara como tal, más allá de las idas a las escuelas y los encuentros deportivos en aquellos campos que los pioneros carmelitas construyeron y que el inexorable avance de la modernidad y la llegada del petróleo hizo que desaparecieran, cambiando para siempre el entorno de nuestra bella isla. 
Cito a vuela pluma el parque de Béisbol Miguel Alemán, campo donde curiosamente nunca jugué béisbol, pero pierdo la cuenta de los partidos de futbol que jugamos sobre su césped y su montículo de pitcher. Sobre la tercera base se colocaba generalmente una de las porterías y la otra evidentemente en el sentido opuesto.
El campo Miguel Alemán en honor a los pioneros que lo construyeron fue un recinto que no solo vio imponer durante años la supremacía beibolística de los Camaroneros de Cd del Carmen, sino las incontables derrotas futbolísticas que le propiciamos a la capital del estado y que nos mereciera a un puñado de jóvenes carmelitas viajar al estado de Hidalgo a representar a Campeche en el 1er torneo nacional de futbol juvenil “Benito Juárez García”.
A la sombra de sus pinos en nuestras épocas de conscriptos o después de los partidos, o al término de festivales escolares, (porque también fue una especia de teatro municipal al aire libre) saboreábamos los tacos de relleno negro y las aguas de nance de “La Múcura” que por allá llevaba su triciclo.
Era pues, ese desaparecido campo deportivo toda una institución que aglutinó dentro de sus bardas, a generaciones de Carmelitas en diferentes actividades educativas, sociales y deportivas, fue en toda la extensión de la palabra, un referente obligado de nuestras mejores épocas.
Por ello es justo reconocer a quienes por amor a su tierra, nativos y arraigados, dedicaron su tiempo, esfuerzo y recursos para su construcción y mejoras en general para la Isla de Tris. Entre estos carmelitas de lujo, como don Mario Boeta, Federico Gutiérrez, Ramón Mayeya, José Luis Zavala, Venancio Rullán, Alfredo Ferráez, Rodolfo Ocampo (padre e hijo), Sebastián Rodríguez, Juan José Bolívar, Juan Bolón, Rosendo del Río, Francisco Guillén, Álvaro Rosiñol, Braulio Zavala, Isaac Sosa, Sebastián Ferráez, Andrés Inurreta, Eduardo Hernández, Guillermo Lliteras, Armando Solá, Gerardo Acosta, Francisco Sanguino, Arturo Rodríguez, Jorge su hermano, por supuesto también hubo extranjeros que dejaron sus esfuerzos denodados, buenos recuerdos y además sus descendientes que ya son parte de las nuevas generaciones de carmelitas, enlisto al Capitán Louis Lazarus, Felice Re, Sony Brooke, Ignacio Sierra, entre otros, y me disculpo por no seguir poniendo nombre de tantos y tantos carmelitas bien nacidos, porque serían hojas enteras relacionarlos, entre todos ellos, destaca la enérgica personalidad de José Guillermo Padilla González, conocido entre nosotros como “Don Memo”
José Guillermo Padilla González nace en Guadalajara Jalisco en el año de 1923 y llega a las costas campechanas por allá del 47, 7 años antes de mi llegada al estado, pero él con 24 vueltas más al sol y ya con una historia de novillero a cuestas.
Se desempeñó lo mismo como Delegado Federal del ámbito de la agricultura, que en el campo empresarial y pesquero.
Justamente su condición de servidor público es lo que lo traslada de Campeche a Cd del Carmen, como consecuencia del auge que había en la isla por las construcciones de barcos camaroneros de madera.
Es en esa época de logros ganados lo mismo con el filo del machete, que moviendo un malacate y arriesgando la vida en altamar, pero todo ello producto del viril esfuerzo y del sudor de hombres curtidos bajo huracanes y aislamientos esporádicos, es cuando Don Memo deja el servicio público para apostarle a su propio esfuerzo y al futuro prometedor de la isla.
De esa manera llega a ser Presidente de la Cámara Pesquera, Presidente de la Cámara del Comercio, Fundador del mítico Casino del Carmen, del inolvidable campo de béisbol Miguel Alemán Valdés, promotor del “Puente de la Unidad“; aquí me detengo para resaltar el hecho que un expresidente municipal José “Pepe” Jáber le otorga en función de sus reconocidos méritos una medalla y un reconocimiento Post Mortem a Don Memo.
Pero lo que más caracterizó a este buen carmelita, o como mejor se le recuerda, es como un incansable promotor del deporte campechano, en especial del de la isla y todo ello de manera desinteresada pero invirtiendo de sus propio peculio en patrocinios o ayudando a jóvenes deportistas con escasos recursos económicos. 
Desde la gerencia de la “Abastecedora Marítima” don Memo Padilla encontraba tiempo para otorgárselo al deporte y promover a aquellos jóvenes que les viera cualidades y habilidades, independientemente de la defensa de los colores del uniforme carmelita que en su juventud defendió con pasión y entrega.
Empecinado en sacar lo mejor de cada deportista Guillermo Padilla acicateaba y estimulaba a la grey deportista de aquellas épocas, todos recordamos con un orgullo interior cuando su hijo Memo Padilla Vera (portero) y Octavio Azcuaga Ferrer (defensa) pasaron a formar parte del futbol profesional al incorporarse al equipo Monterrey.
Pero a Don Memo se le veía también en la cancha “Revolución” lo mismo entre las gradas como apasionado fanático animando al equipo de sus preferencias, que patrocinando a jóvenes isleños amantes del deporte ráfaga.
Indudablemente el deporte de la isla tiene una deuda de gratitud con este entrañable personaje, a quien recuerdo como un benefactor de quienes soñábamos en algún momento ser deportistas profesionales, así lo recuerdo lo mismo que a Don Mario Boeta Blanco.
Hablando de personajes emblemáticos de aquellos tiempos de hombres bien nacidos y de palabra, quisiera referir una historia quizá no conocida por las nuevas generaciones; en alguna fecha remota el Capitán Louis Lazarus (abuelo del actual presidente municipal) había encargado la construcción de un barco camaronero de acero al armador José Luis Zavala Navarrete, pionero en la construcción de este tipo de embarcaciones en todo el golfo de México, todavía están frescos en la memoria los recuerdos cuando se echó al agua al “Marte” el primer barco camaronero de acero en todo el litoral del lado campechano, orgullosamente salido de un astillero carmelita; todo un parteaguas el actividad camaronera que era la preponderante de la isla y su principal motor económico.
Antes de concluir la construcción y equipamiento del barco solicitado por el capitán Lazarus, desafortunadamente pierde la vida en un momento en el que todos pensábamos que todavía tenía mucho camino por recorrer; Doña Renee Jáber su viuda y una intachable y reconocida dama de la sociedad carmelita, ante la incertidumbre del momento y el desconocimiento de las actividades pesqueras de ese tipo más propias de hombres que de mujeres, acude ante Don José Luis Zavala a tratar de recuperar la plata que tenía invertida el capitán Lazarus en el barco en proceso, Don José Luis podía optar por entregarle el barco en las condiciones que se encontraba, proponer su venta a un tercero para recuperar la inversión y entregarla al momento de realizar la venta o simplemente exigir el resto del recurso para terminar el barco y entregarlo terminado, no obstante, entendiendo la dolorosa y compleja situación de doña Renee decide entregarle hasta el último centavo invertido y quedarse con el barco, lo termina con su propio peculio y lo bautiza como “Capitán Louis Lazarus” en honor a la memoria de ese carmelita por adopción, que quienes lo conocieron, supieron de su calidad moral y su honorabilidad. De esa calidad moral y de ese épico honor eran los hombres que sentaban las bases del futuro de Cd del Carmen y que hoy usufructúan generaciones de jóvenes que no llegaron a conocerlos.
Personalmente recuerdo al Capitán Louis Lazarus en esa película que la memoria me regala y lo veo llevando a Louis, Dennis y Rosemary a la escuela Central en aquel Jeep descapotable que manejaba, y en el que Vernon, el menor de los Lazarus Jáber era aún un niño rubio de pelo lacio que no tenía edad para la primaria. Con los años y justamente en los campos de futbol de entonces, Louis, Dennis, Los Capetillo, como se les conocían a los hermanos Rafael y Guayo Hernández Noriega, Memo y Quique Padilla, Los hermanos Pou (Fico, Rafa, Jaime) Jorge Soberanis, Jorge Dorantes, Pancho Bolón, Pancho y Liborio Rivera Miss, Duarte, Marvel Herrera, Yunis Rafful, Cruz Casanova, Octavio Azcuaga, los gemelos Kuri; Emir y Omar, Los hermanos Boeta Juanjo y Mario, Lorenzo Lliteras, Armando Flores, Dafnis Herrera, Octavio Espinosa, Pepe Jáber, Romeo Palmer y muchísimos amigos más de aquella bella época, nos hermanábamos en el deporte y en las canchas que nuestros padres habían construido directa o indirectamente, ahí se fincaron las raíces de la amistad que hasta el día de hoy y 40 años después, me permite ver con enorme simpatía y cariño a todos los mencionadas, salvo las lamentables partidas de Yunis, Liborio y Omar por señalar solo algunas de las que nos sacudieron el alma. 
Hoy con la serenidad de 60 años de vida, todavía me conmueve recordar a mis amigos de entonces y de hoy, saludo con enorme gusto y con alguna frecuencia a través del Facebook a: Memo, Mayté a Quique y a Chuchín; los Padilla y los saludo con el mismo gusto y afecto con que saludo a Louis, a Dennis y a Vernon los Lazarus Jáber y me consta que entre ellos nunca existió enemistad, inquinas acciones de mala fe; imposible que fuera así viniendo todos ellos de familias pioneras, honorables, probas, respetadas y respetables. Ahí queda como recuerdo aquel noviazgo que existió entre la bellísima Mayté Padilla Vera y el apuesto Yunis Alejandro Rafful Jáber, queridos y jóvenes integrantes de ambas familias en aquella época añorada.
Por todo ello, no concibo a mis amigos los Padilla agraviando a mis amigos los Lazarus Jáber y viceversa, no creo que la sangre que corre por las venas de todos ellos, sea portadora de enemistades o esté contaminada por el rencor, sería inadmisible en cualquiera de ellos. Personalmente no conozco al joven presidente municipal de nuestra querida isla, tampoco creo que él me conozca, sin embargo conozco a su familia, a su señora madre una de las jóvenes carmelitas más atractiva de aquellos años, a su abuela doña Renee dama honorable y distinguida, a su abuelo Louis, a sus tíos y primos por la rama Rafful y Jáber, en fin, como cualquier carmelita nacido en la isla pasé mis mejores años por allá y me he nutrido de esos recuerdos que me ayudan a vencer la nostalgia y la añoranza por mi cuna.
Valdría la pena recordarles a los servidores públicos de cualquier ideología partidista, que todos somos aves de paso, que llegamos para servir a la ciudadanía y para dejar mejor la isla de la que la recibieron; Cd del Carmen es propiedad de todos los carmelitas en lo general y de nadie en lo particular, que el beneficio colectivo debería ser la causa común de todos, funcionarios y ciudadanos, porque es nuestra casa, hasta la de los malagradecidos que poniendo un pie fuera de la isla se dedican a despotricar en contra de ella y de sus gentes.
De manera que no entiendo que intereses mezquinos pueden existir detrás de la decisión de cambiarle el nombre a unas instalaciones deportivas como el Poliforum Deportivo que lleva el de un carmelita de cepa. 
Acciones de esta naturaleza deben ser consensuadas entre los ciudadanos para su aprobación o modificación, de la misma manera debe permitírsele a los ciudadanos opinar que otro nombre les gustaría, si fuese el caso, para que sea aprobado en el seno del cabildo carmelita que es la máxima autoridad municipal, y no tomar decisiones precipitadas y sin la reflexión necesaria, las diferencias partidistas se dirimen de manera civilizada con argumentos y bases sólidas, quienes integran el cabildo son adversarios, no enemigos. De los actos de los integrantes de cada familia, cualquiera que sea su apellido, deben responder ellos mismos, no sus familiares o sus ancestros; afectar a quien ya no puede defenderse es una acto de cobardía o de ignorancia y los carmelitas no somos así.
Termino mi reflexión recordándoles a todos, que el pasado 28 de enero cumpliría 163 años el inmortal José Martí, él resume mejor toda mi perorata de más de 2300 palabras, en sólo dos, HONRAR, HONRA.

1 comentario:

  1. Excelente relato , aunque soy llegado del altiplano siempre me he encontrado entre muchos de los nombrados personajes que con cordialidad me han tratado.

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