jueves, 22 de diciembre de 2011

Políticos actuales, modernos Tlatoanis.


El término tlatoani, según wikipedia, surge del náhuatl, significa “el que habla, orador”. Aunque el término se ha traducido de forma incorrecta como rey, emperador o gobernante, es válido que aun quienes conocen un poco de la historia prehispánica,  lo utilicen para referirse a quienes ostentan o detentan algún cargo de poder ejecutivo dentro de la política mexicana. La anterior aclaración para que, usted, amable lector, tenga más elementos de juicio al concluir la lectura de estas modestas líneas y razonamientos.

Rodéate de personas mejores que tu.

Los hombres  superiores, los que aspiran a ser y a trascender en cualquier ámbito de la vida diaria, suelen rodearse de los mejores, de las mentes más brillantes, incluso que la suya, capitalizar el talento ajeno y buscar un lugar en la historia cuya figura sea la amalgama de la capacidad de quienes lo asesoraron e indicaron el camino correcto pero principalmente, el incorrecto, sus defectos y también sus errores. Desde luego, esto en la política actual no pasa con frecuencia. Quienes llegan a ocupar alguna posición dentro del servicio público no siguen el ejemplo de Napoleón Bonaparte quien tuvo como ministro de interior al flemático y tenebroso José Fouche y, como canciller desordenado pero genial  y encantador, Talleyrand , quienes no obstante que se odiaban y permanecían alertas uno del otro y, además, que Napoleón desconfiaba de ambos, supo exprimir lo mejor de ellos para su beneficio y el de sus fines.

El gobierno no se ha hecho para la comodidad y el placer de los que gobiernan.

En la actualidad y en todo el país, sea del color que sea, lo que se estila es que el gobernante se rodee de sus afectos, mismos que deben de ser dóciles, sumisos, de perfil bajo y  que practiquen la genuflexión. De igual forma integran su equipo con personajes con los que se tenga algún tipo de compromiso que puede ser político, económico o afectivo. El primero mencionado surge de quienes integran alguna de la estructura de su partido o de otro con el que haya alianza de por medio; el económico puede ser de acuerdo a las aportaciones en efectivo o en especie con las que contribuyeron en su camino hacia la posición deseada o en el último trayecto, llámese campaña política, electoral, etc.
Y, finalmente, los compromisos afectivos que tiene sus divisiones o grados: los muy amigos y útiles; los conocidos  y rentables en eficiencia y, los simplemente conocidos pero  a quienes se les hace creer que gozan de todo el afecto y simpatía del político en cuestión, es decir, a quienes se les simula y estimula mentalmente con la finalidad de gozar de su simpatía o cuando menos, de que no se convierta en un vituperador de su gobierno o de sus actos políticos.

El poder no cambia a las personas, te las muestra.

Una vez que asumen el poder se transforman en semidioses. No aceptan consejo alguno de sus inferiores a quienes ven como simple vasallos desechables y quienes deben de estar agradecidos con el gran tlatoani que les permite estar cerca de su reino, por llamarle de una forma coloquial a su gobierno. Por regla general, deben de ser enanos mentales o cuando menos, disimularlo  muy bien. De esta forma, pasan inadvertidos e inferiores. Eso si, las encomiendas que el gran tlatoani les da, deben de ser resueltas con la máxima rapidez, eficiencia y eficacia pero sin merito alguno para ellos y entonces su gran señor, ante sus ojos y de quienes lo rodean, parecerá un gigante.
Cuidado se atrevan a señalarle algún error al “emperador” por que de inmediato caen de su gracia y afectos y, en el mejor de los casos, el destierro del feudo  es su triste final. Se les paga para que sirvan, no para que piensen lo que no se les ordena.

Alquimistas políticos.

En cuanto a los que llegan por conducto de compromisos económicos no por ello dejan de ser súbditos, sin embargo, dependiendo el capital económico gozan de ciertas canonjías que los anteriores no y hasta pueden a llegar a servir al tlatoani de socios o prestanombres en negocios que se “vendan” al elector como detonantes de desarrollos económicos o lámparas mágicas, mismas que al frotarlas, males como la pobreza, la marginación, la delincuencia, el desempleo, etc. Desaparecerán por arte de magia, ejemplos: maquiladoras, desarrollos turísticos, fábricas de autos, etc. Etc.
Desde luego, como en las cortes, también existen los bufones que son quienes en los momentos de estrés del tlatoani, lo harán reír y disipar simpatía y bonhomía. Los modernos payasos son bien remunerados con dineros públicos y hasta con cargos, dependiendo su “talento” y gracia.

Y los fanáticos.

Por último, quedan los escribanos o amanuenses, que con la tecnología actual se les encuentra en cualquier medio electrónico. Estos se encargan de hacerle sentir al tlatoani que él es el más bello, el más inteligente, el mejor sintetizando. También son quienes como fieras se abalanzan sobre de quien ose ir en contra de las ideas del emperador o que se atreva a señalarle algún error o equivocación. Cuidadito y eso sucede porque el purgatorio, ya desaparecido por los católicos romanos, limbo o el mismo infierno seria su destino final. Al tlatoani no se le puede criticar ni tocar con el pétalo de una rosa. Es semidiós, es perfecto, es el elegido. Y así lo será por 3 o 6 años. Luego, otra será su historia y su regreso a volver a convertirse en un ser humano común y corriente, en algunos casos, más corriente que común.

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