La duda
cartesiana consiste en “dudar de todo, en un proceso que llevado a sus últimas
consecuencias supone un genio maligno que se propone engañar al hombre, pero
que no duda del sujeto que piensa, para deducir lo de pienso luego existo” (nos
ilustra José Ferrater Mora, autor del diccionario de filosofía). Y sin duda
alguna, el partido revolucionario institucional (PRI) tiene en las próximas
elecciones presidenciales su última oportunidad; tras vivir horas extras
después de dos sexenios en los que, gracias a los malos gobiernos del partido
acción nacional, la alternancia se quedó en un intento fallido y la anhelada
transición, “para resolver con más democracia los problemas (de nuestra)
democracia”, no se pudo realizar. Más
ahora que los priístas del ala más antigua, con Carlos Salinas de Gortari (que
asesora a Enrique Peña Nieto), el Grupo Atlacomulco (Arturo montiel, Emilio Chuayffet, Francisco Paco Rojas, los dos Del Mazo y el círculo de Luis Videgaray
Caso, Gerardo Ruiz, Héctor Velasco, Enrique Miranda, Roberto Badilla, Liébano
Sáenz, su prima Marcela Velasco, Carolina Monroy, etcétera), se apoderaron de
la candidatura única y regresaron a su PRI como partido casi único...........
Tras
seis años de campaña en televisa, visitas a las entidades con gobernadores
priístas, entrevistas en radio y publicidad pagada en revistas y periódicos,
con encuestas “arregladas” por la misma televisa y por maniobras de Liébano
Sáenz, Peña Nieto se posicionó al grado de que, desde hace dos años actúa como
presidente disputándole espacios al mismo Felipe Calderón. Y logró, por la
“unidad” del partido –en lugar de buscar la unión– apuntarse como precandidato
de su PRI y de inmediato las circunstancias lo pusieron a prueba. Se quiso
hacer el listo y llegó a la feria Internacional del libro de Guadalajara, para…
¡presentar su libraco, que le escribieron!
Ahí los
reporteros abrieron fuego con sus preguntas. Ya sin apuntador y sin advertencia
de sus asesores, se hizo bolas con un libro de Carlos Fuentes que le adjudicó a
Enrique Krauze. Su ignorancia y falta de tablas fue evidente. Sin aplomo y sin
saber cómo salir del atolladero, se exhibió como un torpe E inició una serie
de errores; no supo el monto del salario mínimo ni el precio de un kilo de
tortillas. Fue de tropiezo en tropiezo. Y para escapar del fracaso, contestó:
“No soy la señora de la casa”, haciendo gala de su machismo e ignorancia de lo
más elemental de la política económica. Su jefe de comunicación –que gastó
millones de pesos en publicidad y sobornos a la prensa–, como en la letra de la
canción, estaba tan ausente, que le entonaron lo de “no estaba muerto, andaba
de parranda”.
A sólo
dos meses como precandidato único, Peña ya perdió credibilidad. La
defenestración del presidente del PRI, Humberto Moreira, por sospecha de
corrupción donde andan bailando más de 30 mil millones de pesos que endeudaron
a los Coahuilenses, y heredarle la gubernatura a su hermano Rubén, lo ha
desgastado políticamente. La defensa de su hija (Paulina Peña Pretellini)
pendejeando a sus críticos, las réplicas de sus priístas para taparle sus
errores y la estúpida pseudoargumentación de que lo criticaban porque “soy el
puntero”, lo ha hecho perder respeto y ser el hazmerreír de la política, blanco
favorito de los caricaturistas y sometido a una implacable crítica en los
análisis. En algunos de éstos piden su renuncia y un relevo en la candidatura
del PRI. Ya Peña perdió toda consideración. Y motiva entre sus adversarios en
círculos políticos y en la opinión pública, burlas, compasión… y pena ajena en
no pocos priístas de su propia facción.
Desde
que empezó a soltar la lengua ha perdido popularidad. Calladito, como lo
presenta Televisa, se veía bonito. Y mientras no se salió del guión y llevó en
su oreja el apuntador, parecía al menos tener sex appeal para que su coro de
mujeres contratadas le gritaran: “¡Papacito… papacito!”. Vive Peña una capitis
deminutio –se traduce literalmente: disminución de derecho– debido a que ya se
sabe (como el rey que iba desnudo, creyendo que llevaba atuendo) que no tiene
nada en la cabeza de chorlito. Y que sus asesores y ayudantes para nada sirven,
en cuanto le escarbaron superficialmente.
Esto
indica que su PRI va a la derrota, sobre todo cuando tenga que debatir con sus
adversarios. Peña es un cabeza hueca. No un político. Ni siquiera un burócrata
o un tecnócrata. Es apenas un figurín y su PRI, con todo y al recurrir
recurriendo a las “cargadas” manipuladas, podría ser derrotado en las urnas. No
porque los candidatos del Partido Acción Nacional y de la Revolución
Democrática sean mejores, sino porque Peña es peor que ellos. Lo ha demostrado
no solamente por sus enredos literarios dándoselas de “leido y escribido”, sino
porque no está al tanto de la realidad nacional. Es de los que “no están
atentos hasta del crecimiento de la hierba”.
Como
presumieron, el PRI de Peña no las tiene todas consigo; y al faltar seis meses
para el proceso electoral, ya se autodesacreditó. Sólo le quedan sus poses de
galán, de bonito, con su copete para aparentar más altura física (es chapito y
anoréxico, con trajes cortados en Nueva York) pero pequeño políticamente. Quedó
expuesto a que le falten al respeto, mientras una de sus hijas llama “prole” y
pendejos a los tuiteros que han criticado sus declaraciones y respuestas. Y no
se diga que es un político, un administrador (menos un abogado) cuando la
estela de corrupción, el mal gobierno, el consentimiento a los feminicidios (la
muerte de su esposa Mónica Pretelini sigue en duda), el encubrimiento del
homicidio de la niña Paulette Gebara Farah, la masacre de Atenco, las
inundaciones por seis años debido a la falta de previsión, negligencia y su
importamadrismo lo pintan como un individuo que ni siquiera sirve para
presidente municipal… ¡mucho menos para candidato (único) a la Presidencia de
la República!
eso es la verdad y nada mas que la verdad esperemos que siga asi y sera papita ganarle jejeje
ResponderEliminarpeña es mayate de la rata mas grande de mexico carlos salinas de gortari
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