lunes, 2 de enero de 2012

Presta nombres


Nuestra historia está, por desgracia, llena de riquezas inexplicables. De la noche a la mañana
cualquier persona se adueña de una fortuna a cambio de ciertas lealtades y “virtudes” para
quien, en su momento, se desapega de los bienes materiales: dígase político, empresario,
empleado de confianza, hasta sacerdotes o que tenga alguna actividad ilegal. El trato es cuidar y
potenciar los recursos, nunca jamás explicarlos, y por supuesto, devolverlos, pasado el cargo o los
peligros, a su verdadero dueño.

El enriquecimiento inexplicable siempre genera sospechas y bisbiseos y es que el terreno de los
magnates que se vuelven tales repentinamente, nada es claro, nada es diáfano, nada se sabe. Es
por ello que los mexicanos podemos aderezar cualquier cosa en el teléfono descompuesto que,
por desgracia, siempre lleva algo de razón.

Pero, ¿Cómo empezó todo? 

Dice el rumor que durante la guerra cristera, en plena etapa postrevolucionaria, cuando en la región del bajío cientos de hombres armados en nombre de dios se levantaron contra el gobierno legalmente constituido, la reacción del régimen, que no se hizo esperar, fue demasiado violenta y provoco, entre los miembros del alto clero, el temor suficiente a que sus bienes fueran confiscados.
Dichos bienes, que supuestamente ya no podían existir tras las leyes de la reforma, fueron puestos a nombre de particulares, hombres y mujeres comunes pero adeptas a la religión católica quienes de la noche a la mañana se volvieron inmensamente ricos.

De igual forma, durante el periodo de la segunda guerra mundial, cuando se llego a pensar que el
gobierno mexicano podría participar en el conflicto bélico, muchas empresas de origen extranjero
transmitieron su propiedad a particulares. Resalta en este caso el nombre de reconocido abogado
de esos años, Lisio Lagos, quien al concluir el peligro belicoso, el litigante devolvió lo que no era
suyo, a cambio, claro, de una comisión que lo convirtió en uno de los hombres más ricos del país.

En la política no podían faltar.

La política no podría estar exenta de los presta nombres y es precisamente cuando la revolución
se baja del caballo y se convierte en gobierno, muchos militares utilizan a gente su entera
confianza, en su mayoría civiles, para poder ocultar los beneficios que les otorga el “el tren de la
revolución”. Esta práctica está vigente hasta la actualidad y en nuestra isla, ciudad del Carmen,
Campeche, lo podemos también señalar o sospechar en el ámbito petrolero, toda vez de cuantos
casos no conocemos de personas de origen humilde que de repente se convierten en magnates y,
el rumor, esa subjetividad que tanto nos identifica y que forma parte de nuestra idiosincrasia, de
inmediato los liga con fulano o sultano funcionario de PEMEX o de alguna empresa con contratos
multimillonarios.

Pero volviendo a lo nacional, es de la vox populi el caso de diversos millonarios como Carlos Slim o Ricardo Salinas Priego, que durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se convirtieron el
poderosos hombres de negocios, llegándose a convertir, el primero, en el mas rico del mundo,
según la revista Forbes, y el segundo, en uno de los más ricos del país y también incluido en los de
mayor riqueza de la aldea global.

Es una realidad difícil de aceptar, que en nuestro país el camino para lograr la riqueza o el éxito en el rubro que sea, no es por medio de una bandera de idealismo anteponiendo antes que nada los valores y principios que uno mama en casa, en México los ricos y exitosos son serviles, dóciles y sumisos, acatan las ordenes de sus superiores y son profesionales en el deporte extremo de comer excremento y no hacer gestos y además, dar las gracias.

Se da la dupla en la generación de lo que el rumor señala, son fortunas creadas al amparo de
sexenios específicos. La gente sospecha, supone y, generalmente los murmullos terminan siendo
certezas adivinatorias.

 “No hay riqueza bien habida”... dicen por ahí.

Concluyo con el adagio popular que señala contundentemente, “tres cosas no se pueden ocultar: el amor, el dinero mal habido y las ganas de ir al baño”.


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